(Aviso: la entrada de hoy es un tanto sarcástica)
Leí el otro día en el periódico la siguiente declaración de un tal Marteen P. en relación a la última moda: el “turismo oscuro”, o “turismo macabro”. Esto es lo que decía:
Me gusta ver el lado salvaje de las cosas y no creo que sea algo tan raro. ¿A quién no le atraparon las imágenes de las Torres Gemelas ardiendo y cientos de personas saltando al vacío? ¿No te hubiera gustado ver en vídeo los atentados?
Pues la verdad es que no, Marteen, no me hubiera gustado verlos, aunque para gustos, los colores. Pero no era esto lo que yo quería decir.
Lo que yo quería decir es que eso no es turismo macabro: es turismo morboso, de señoritos que no se quieren manchar las manos pero que se justifican diciendo que “es un modo de tomar conciencia ante la maldad humana” y que “hay que recordar para no volver a repetir“. En relación a lo segundo, con mirar las páginas de sucesos vemos que por mucho que recordemos se siguen cometiendo las mismas o mayores barbaridades, total, para que vamos a poner soluciones si nos podemos pasear por el lugar de los hechos.
Y en cuanto a lo primero, si quieren tomar conciencia de verdad, y dejar de ser morbosos, propongo que entren de verdad al lado más oscuro. Y lo propongo con un sencillo programa de viaje, que generosamente presto a cualquier agencia y/o turista interesado:
1) Para los más solidarios: Participar en un concierto en Rusia y quemarse los ojos con un foco de luz, perdiendo hasta el 80% de visión, como sucedió recientemente.
2) Para los más participativos: dejarse la piel, los huesos y el alma trabajando codo con codo y de sol a sol con cualquier grupo de misioneros y/o voluntarios en selvas perdidas, desiertos inmensos y escenarios de cacerías humanas (léase campos de refugiados)
3) Para los más comprensivos: dejarse de molestar a los soldados, yendo a hacer “turismo en primera línea de guerra”, que bastante ocupados están salvando a los civiles nativos, y participar activamente en los hospitales de guerra improvisados. (Preferiblemente gente con conocimientos sanitarios)
4) Para los más arriesgados: déjese secuestrar por cualquier guerrilla y experimente en sus propias carnes lo que sufrió, por ejemplo, Ingrid Betancourt. Aseguramos que regresará a su casa con verdadera conciencia de la maldad humana.
5) Plan Extreme: le avisaremos en cuanto nuestros científicos auguren el próximo terremoto o tsunami. ¿Para qué pasearse cual aristócrata por las zonas ruinosas cuando puede vivirlo en directo? Descubra el terror y el auténtico paroxismo que desencadena una brutal actividad natural.
(Precios razonables, a pactar con su agencia de viajes)
Pero no sé por qué sospecho que no tendrá mucho éxito esta iniciativa. Será que a la hora de lavarnos las manos tenemos un arte como pocos, que para eso tenemos el Blancura sin rotura.
PD: nótese que todo este panegírico ha sido escrito con intención sarcástica, irónica y socarrona para con los “usuarios del turismo del dolor” (como ellos lo dan en llamar), y con total respeto y ánimos para todos aquellos que han visto sus vidas cambiadas de repente a causa de la tragedia.
Si esas personas hubieran vivido la tragedia en sus propias carnes seguro que no les quedaban ganas de hacer ese tipo de turismo…
Besitos!
La verdad es que no habia escuchado nada sobre este tipo de turismo… y estoy flipando!!
De hecho, creo que tus opciones son mucho mas validas y de verdad sirven para algo…
Que gentuza hay suelta por ahi, por favor!!
Un besazooo
Muy bueno, la verdad es que las personas somos increiblemente estúpidas a veces…
Muy buen post Tracy, yo tampoco puedo entender los argumentos que dices y que usa alguna gente para hacer esa clase de turismo.
Todos llevamos un morboso dentro, creo que va implícito en la naturaleza humana. Sólo hay que ver cuando hay un accidente en la carretera, la gran mayoría siempre alarga el cuello a ver si puede ver lo sucedido.
Lo que pasa es que lo que tú cuentas es llevado al extremo de la sinrazón.
el que este libre de morbosidades que arroje la primera piedra…